Historia del pollo a la brasa: conoce el origen de este plato que une a las familias peruanas
Muchos se preguntan de dónde salió exactamente el pollo a la brasa y cómo pasó de ser “un invento de granja” a convertirse en uno de los platos que más une a las familias peruanas. Hoy lo vemos en todos los barrios, pero su historia empieza en un lugar muy concreto y en un momento de crisis.
Cómo empezó todo en Santa Clara
- A finales de los años 40 e inicios de los 50, el inmigrante suizo Roger Schuler criaba pollos en la zona de Santa Clara, en Ate, y atravesaba una etapa difícil con exceso de aves y poca salida.
- Observando cómo su cocinera asaba pollos en brasas, Schuler empezó a probar formas de cocción que permitieran aprovechar mejor sus aves y ofrecer algo distinto.
- Junto con el ingeniero Franz Ulrich se desarrolló un sistema de varillas que giraban dentro de un horno especial, permitiendo asar varios pollos de manera uniforme: el inicio del famoso brasero rotatorio
Del lujo a la mesa de todos
Al comienzo, el pollo a la brasa era consumido principalmente por sectores de mayor ingreso y se servía de forma muy sencilla: pollo sazonado casi solo con sal, a las brasas de carbón, acompañado de papas fritas y ensalada. Con el tiempo, el plato se fue masificando, bajó de precio relativo y se instaló en el gusto popular hasta convertirse en uno de los alimentos más pedidos cuando las familias salen a comer fuera de casa.Hoy se le considera uno de los platos más emblemáticos de la cocina peruana, reconocido como Especialidad Culinaria Peruana y Patrimonio Cultural de la Nación, y representa una forma moderna de identidad gastronómica: accesible, familiar y presente en casi todas las ciudades del país
Del patio familiar a los domingos en familia
El pollo a la brasa dejó de ser solo un “experimento en un patio” para convertirse en el plan típico de domingo, en el plato estrella de cumpleaños sencillos, reuniones de trabajo, partidos de fútbol y cualquier celebración improvisada. Incluso tiene su propio día oficial: el tercer domingo de julio se celebra el Día del Pollo a la Brasa, como una forma de reconocer su importancia en la mesa peruana y en la economía ligada a las pollerías.
Cuando una marca como La Casa de Don Wilson cuenta esta historia, no solo habla de un plato, sino de una tradición que empezó en un patio sencillo, se perfeccionó con ingenio y hoy sigue viva cada vez que una familia se reúne alrededor de un pollo dorado, papas bien hechas y cremas que recuerdan a lo casero.


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